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Lactancia, primer acto erótico del ser humano, señala experto en gastronomía


  • Muestran vínculos culturales entre erotismo y alimentación
  • “Luna de miel”, concepto árabe para definir alta actividad erótica de recién casados
  • Realizan Congreso Interescolar sobre Sexualidad Humana
  • Mario Alberto Reyes
    Cuernavaca, Mor., marzo 12 de 2009.
    La lactancia es el primer acto alimenticio y erótico de los recién nacidos, el cual está dominado por el sentido del gusto, que junto con el del tacto, son los únicos con clímax o punto culminante, pues no se puede amar o comer indefinidamente.
     
    Al participar en el Segundo Congreso Morelense Interescolar sobre Sexualidad Humana, el ex presidente de la Sociedad Mexicana de Gastronomía y Enología, José N. Iturriaga, destacó el vínculo natural entre erotismo y alimentación representado desde edades tempranas por el amamantamiento y después por el acto de besar.
     
    El autor de Pasión a fuego lento, explicó que en la tradición judeo cristiana, el vínculo cultural entre el erotismo y la alimentación se remonta al pasaje bíblico en donde Eva dio el fruto prohibido a Adán, representado en Occidente por una manzana. Añadió que la lujuria y la gula son los pecados capitales asociados a los sentidos del tacto y gusto.
     
    Durante su ponencia Erotismo en la cocina mexicana, Iturriaga comentó que en la cultura griega, uno de los diálogos más conocidos del filósofo Platón, titulado El Banquete y el amor, así como la llamada Luna de miel, creada en la cultura árabe para definir los días de alto erotismo en una pareja de recién casados, muestran la interrelación entre el erotismo y la alimentación.
     
    Sobre el México prehispánico, el experto recordó que los indígenas encerraban hasta por tres semanas a algunos esclavos, durante ese tiempo se les proporcionaban “alimentos exquisitos y bellas mujeres”, para que disfrutaran de los placeres de la alimentación y el amor, y después sacrificarlos en honor a los dioses.
     
    Añadió que durante el virreinato, en algunos conventos se inventaron “alimentos maravillosos como el rompope”, hecho que incluso repercutió en la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, quien dedicó uno de sus poemas a la Condesa de Paredes.
     
    “Los versos describen el cuerpo de la virreina. Mediante el uso de figuras de frutas como dátiles, plátanos, y miel, Sor Juana describió la cara, piernas, torso, pies, cuello, vientre, y brazos de la Marquesa de la Laguna. No sé si era una relación lésbica, lo que recomiendo es leer el poema para verificar la obviedad del gran amor de Sor Juana hacia la virreina, no sabemos si correspondido o no”.
     
    Añadió que en el ámbito de la literatura mexicana existen varios ejemplos que relacionan a muchos alimentos con el amor a través de la miel, las uvas, el vino, y las nueces. “Tenemos muestras como ‘esas mejillas de piel de durazno’ u ‘ojos de capulín’.
     
    Durante el evento, realizado en el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el ponente dijo que los mitos que rodean a los afrodisiacos como motivadores del apetito sexual, responden a la tradición popular derivada de simbolismos representados por los huevos de tortuga, codornices, y de pescado, utilizados para hacer caviar. “Lo mismo ocurre con los testículos de lobo y conejo”.
     
    Por último, José N. Iturriaga, señaló como probable la similitud entre los moluscos y la anatomía sexual femenina, por lo que se piensa que es un afrodisiaco. “El ‘vuelve a la vida’ es el nombre sexual de todos los mariscos revueltos. El ajo, la cebolla, las nueces, las almendras, y los dátiles dotan de energía pero no necesariamente se traducen en algo sexual”.
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