No es posible intervenir legalmente en el terreno de las perversiones, la única autorización para hacerlo es cuando existe el ejercicio de la violencia. En esta entrevista concedida a Letra S, la historiadora francesa Elisabeth Roudinesco describe los espacios de libertad sexual conquistados en las sociedades democráticas, los límites de la acción represiva en el campo de las perversiones y las batallas pendientes para desterrar prácticas realmente reprobables como la violencia doméstica y el abuso sexual. Directora de investigaciones en la Universidad de París VII, Roudinesco es también autora de libros capitales como Jacques Lacan, La familia en desorden y Nuestro lado oscuro: una historia de los perversos, publicados en la editorial Anagrama.
¿Cuáles son las perspectivas que tiene hoy el matrimonio homosexual?
Personalmente pienso que dentro de diez años, los homosexuales se casarán exactamente como todas las demás personas. Habrá más derechos, esto es inevitable. Habrá una normalización de la homosexualidad, lo que significa que ya no se considerará a los homosexuales como seres perversos o enfermos. Desde ahora, la atracción por el mismo sexo es algo que se considera crecientemente como algo normal, algo común. Hace apenas cuarenta años se le consideraba una perversión, una enfermedad. Hay por supuesto homosexuales perversos, que son como cualquier otra persona, y que se libran a prácticas consideradas perversas como el sadomasoquismo.
Pero a medida que la homosexualidad se normaliza en la esfera pública, nos percatamos de que los homosexuales tienen las mismas neurosis que las demás personas. Enfrentan los mismos problemas de pareja, se separan, pueden ser celosos; tienen, en definitiva, los mismos problemas. Nos percatamos también de que hay una progresiva desaparición, por lo menos en Francia, de lo que se consideraba características del homosexual: no tienen necesidad de exhibirse; puesto que poseen los mismos derechos, no precisan de mayores alardes.
Eso se ve particularmente en los barrios que habitan o frecuentan, pues tienden a ubicarse preferentemente en un barrio de la ciudad. Ahí tienen cafés, tiendas, lugares de reunión, y la exhibición en esos lugares es mayor. Pero la conquista de derechos significa también que aquel que no desea exhibirse, tiene también el derecho de no hacerlo. Esto es algo muy importante, es una conquista. Ha habido varias etapas: antes de que se conquistaran los derechos, que hubiera una ley, era necesario esconderse, pues había una verdadera discriminación. La ley permite hoy el outing, la salida del closet, la afirmación. Y con el paso del tiempo hemos llegado a la etapa de la indiferencia; no hay necesidad ya de exhibirse.
*Publicado en el número 163 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el 5 de febrero de 2010