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REPORTAJE. Semillero de liderazgos y nuevas formas de combatir el VIH, logros de Fundasida (Segunda parte)


  • Cumple 25 años la Fundación Mexicana de Lucha contra el Sida
  • Gerardo Suárez López
    México DF, julio 05 de 2012.
    En sus 25 años de vida, la Fundación Mexicana para la Lucha contra el Sida (Fundasida) ha presenciado la evolución en la atención del VIH/sida y con ello, de sus actividades principales: atención médica, consejería psicológica y tanatología.
     
    La transición a una nueva forma de responder en el mundo ante la epidemia fue lenta. En 1987 surgió el primer medicamento para tratar el VIH (los inhibidores nucleótidos de la transcriptasa inversa). En los siguientes años surgieron más fármacos pero conseguirlos era difícil y caro. El acceso universal a estos tardaría varios años en llegar.
     
    La fundación ayudó a usuarios a conseguirlos mediante donaciones mientras continuaba en el desarrollo de un enfoque de asistencia médica: colocar sueros intravenosos, dar tratamientos paliativos, brindar una estancia breve de internamiento a quienes llegaban con un estado de salud deteriorado, así como dar a la familia una asesoría en tanatología para ayudar a bien morir a sus seres queridos. En 1995 la sede fue ampliada para acondicionar una enfermería pequeña.
     
    En este marco, Mauricio Ramos Madrigal, director de 1989 a 1999, destaca que en los inicios de la epidemia la respuesta del Estado mexicano a la infección “siempre fue pobre, siempre había cierto miedo a tocar el tema y sólo algunas acciones provenían de esfuerzos individuales”.
     
    Subraya que ante ese contexto una de las acciones más importantes fue el trabajo conjunto con instancias gubernamentales, el cual sirvió para que éstas últimas pusieran atención en la lucha contra el VIH.
     
    La fundación incentivó la incidencia política de sus activistas. Organizaron marchas en silencio en el DF para recordar a las víctimas de la epidemia. En 1993, el pasamontañas fue un distintivo no sólo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional sino de la lucha contra el VIH y el estigma por este virus.
     
    “Muchas mujeres se incorporaron pero tenían miedo de ser reconocidas, entonces compré como 120 pasamontañas blancos y así marchamos hasta el Zócalo”.
     
    Varios integrantes de los grupos de autoapoyo de Fundasida fueron precursores del Frente Nacional de Personas Afectadas por el VIH/sida (Frenpavih), el cual se constituyó en 1996 y sesionaba en la fundación. La organización formó líderes con miembros de sus grupos, entre ellos Arturo Vázquez Razo y Georgina Gutiérrez. Esto con un proyecto financiado por el Consejo Nacional para Prevención y Control del Sida (Conasida).
     
    Ellos replicaron las lecciones de liderazgo en el interior de la República Mexicana, particularmente en clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), para ayudar a las personas con VIH a conformar sus propios grupos. Poco a poco creció una red que daría lugar al Frenpavih y lucharía por el acceso universal a tratamiento antirretroviral, además de organizar el Primer Encuentro Nacional de Personas con VIH.
     
    Mauricio Ramos comenzó a enfocarse en la naciente Clínica Especializada Condesa, así que a finales de 1999 dejó la dirección y Javier Martínez Badillo fue electo como nuevo presidente.
     
    Consolidan atención integral
     
    “La clínica Condesa empezaba a atender pacientes; la fundación necesitaba replanteamientos específicos, entonces empezamos a visualizar el trabajo en derechos humanos y prevención de la infección. Nos preguntamos qué hacer con la atención médica, decidimos mejorarla”, afirma Javier Martínez, director de Fundasida de 1999 a 2006.
     
    Durante su administración destaca el trabajo para combatir el estigma y la discriminación por VIH. La fundación creó un área para defender los derechos humanos de las personas con este virus “porque necesitábamos que las instituciones y la población viera que había injusticias contra las personas con VIH”. El módulo fue coordinado por Arturo Vázquez Razo. “Ese era su medio, le apasionaba hacer las quejas contra discriminación”.
     
    La educación sexual fue otro tema promovido. En 1999 llegó a Fundasida Tirso Clemades, médico cubano especializado en este campo y quien promovió un modelo de intervención llamado Narración Oral Escénica, consistente en cuentos y su dramatización para dar un mensaje de prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual.
     
    Martínez Badillo recuerda la presentación en 2003 de la obra de Clemades, Educación de la sexualidad a través de cuentos. Una alternativa para prevenir el VIH/sida, en la Casa Universitaria del Libro de la UNAM. El texto es otro gran logro de la fundación, afirma.
     
    Pero “vimos que no bastaba estar bien física y psicológicamente”, así que Fundasida creó grupos de reiki y yoga. De este modo, la fundación para los inicios del siglo XXI contaba con una atención integral, que ya no sólo trataba los rubros de atención médica, psicológica, sino contaba además con asesoría en derechos humanos y terapias complementarias, estas últimas para estar bien espiritualmente, comenta el activista.
     
    El enfoque en los jóvenes
     
    Javier Martínez terminó su carrera como técnico en salud comunitaria y llegó a Fundasida a los 22 años. Comenzó coordinando sesiones informativas los miércoles y viernes de 7 a 9 de la noche, consistentes en un video sobre sida, estigma y discriminación.
     
    Luego se convirtió en el coordinador de voluntarios y en 1999 se convirtió en el tercer presidente de Fundasida.
     
    “Lo que yo más presumía era el equipo que tenía, chavos con nobleza, lealtad y mucha pasión no sólo por profesionalizarse sino por seguir ayudando a los demás”. Martínez Badillo no acude solo a su cita con esta agencia de noticias. Trae consigo, entre otras, la foto de la tripulación del barco que dirigió. La imagen de 1995 muestra a Georgina Gutiérrez, Beatriz Ramírez, David Alvarado, Martín Luna, al propio Martínez Badillo y a otros personajes, todos vestidos de gala por la remodelación de Fundasida.
     
    Afirma que esos jóvenes fueron el motor de nuevas ideas con impacto social, como el Programa de Atención de Jóvenes con Diferente Orientación Sexual, que fue una respuesta a un contexto en que otros eran discriminados e incluso golpeados por no ser heterosexuales, contexto que aún se repite.
     
    “Vemos que a la fundación comienzan a llegar muchachos golpeados por su orientación sexual, renegando su orientación sexual, en fin con ese programa tuvimos la virtud de identificarnos con ellos para llevarlos a una meta, que era la prevención del VIH”. El programa asesoraba en temas de educación sexual tanto a los jóvenes como a sus padres.
     
    “La fundación era entonces un espacio libre de discriminación, no había ningún problema si dos personas se besaban, lo mejor era que hablábamos entre iguales: la mayoría de colaboradores tenía una orientación homosexual, pero también había heterosexuales y bisexuales”.
     
    “Ese era el barco…”
     
    Javier Martínez pasa una a una sus fotos y recuerda la presentación en las instalaciones de Fundasida del libro Mamá, papa, soy gay, de Rinna Riesenfeld. Comenta que ese y todos los recuerdos que han venido a su mente debe anotarlos “si no cuando me muera quién se va a enterar de todo esto”.
     
    Toma nuevamente la foto de sus compañeros en la reunión de gala. Suspira frente a su escritorio donde ha acomodado las demás imágenes y lanza: “ese era el gran barco de la fundación”.
     
    Continuará…
     
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    Suplemento Letra S

    No. 221 | diciembre 04 de 2014
    La lucha por un parto digno. Todos aquellos procedimientos o acciones que obstaculizan la capacidad de decisión de las mujeres en las etapas del embarazo, parto y puerperio se conocen en su conjunto como violencia obstétrica.
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